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El Embajador Emérito Francisco Cuevas Cancino (1921-2008)
estudió, escribió y vivió el siglo XX, a ello
dedicó su vida, tan productiva como pocas. Egresado de la Escuela
Libre de Derecho, se inicio inmediatamente como profesor de
enseñanza prevocacional en 1943, obtuvo su maestría en
Derecho por la Universidad de Mc. Gill (Montreal Canadá), fue
becario de la Fundación John Simon Guggenheim (1951-52) y de la
Fundación Rockefeller (1961-62). Director del Departamento de
Relaciones Exteriores del Colegio de México, Editor y Director,
contribuyente de la Revista Foro Internacional de El Colegio de
México. Obtiene su Doctorado en Letras que reafirma su creatividad
literaria y lo cual explota sabiamente. Su vida es equilibrio entre el
estudio, la creación literaria y la diplomacia. Ingresó al
Servicio Exterior Mexicano (SEM) por oposición en el año en
que se creó la Organización de las Naciones Unidas. Su
trayectoria dentro del SEM logra remarcables triunfos y es nombrado
embajador en 1965, embajador eminente en 1979 y corona su desempeño
cuando es nombrado, por el Presidente Carlos Salinas de Gortari, como
Embajador Emérito de México en 1992. Puesto que sólo
logran obtener 5 personas en el país. Este reconocimiento fue el
resultado de su larga trayectoria diplomática, gran productividad
literaria y contribuciones al Derecho Internacional a través de la
academia y la práctica, algunos de sus principales cargos le
llevaron a ser Embajador Representante Permanente de México ante
Naciones Unidas en dos ocasiones 1965-70 y 1977-79; Representante ante la
UNESCO de 1971 al 75 en París Francia, Cónsul General en
Paris en 1975-77, Embajador en Brasil, Bélgica, Gran Bretaña
e Irlanda entre 1979 y 1986 año en que fue nombrado Embajador en
Austria y Representante Permanente ante el Organismo Internacional de
Energía Atómica y la Organización de las Naciones para
el Desarrollo Industrial. Se jubila del Servicio Exterior Mexicano en los
años noventa, es cuando llega con su esposa Christina Flores de
Cuevas a la ciudad de Xalapa, Veracruz, lugar que sería testigo de
vasta obra escrita, así como de sus últimos años de
vida.
Paralelamente a su carrera diplomática el Maestro
Cuevas Cancino fue un disciplinado y metódico investigador, su mente
siempre inquieta y sumamente lúcida lo llevaron a escribir desde
materia jurídica hasta obras de teatro griego. |
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Su pluma no descansó. Sus estudios sobre Simón Bolivar, El
Libertador, el luchador incansable por la libertad de latinoamerica le
valió la condecoración de La Orden del Libertador otorgado
por el Gobierno de Venezuela, tierra natal de su personaje. Fue reconocido
así mismo por el Gobierno del Brasil con la condecoración
Andrés Bello.
Algunas de sus obras han sido reconocidas como
clásicos, tal es el caso de Tratado de la Organización
Internacional en 1962. Conocedor perfecto de los idiomas Inglés y
francés publicó La Nullité des Actes Juridiques tesis
profesional que fue publicada por la Universidad Mc Gill en 1948, La
Doctrina de Suárez sobre el Derecho Natural obra que obtuvo el
premio de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas de Madrid
en 1953, Roosevelt y la Buena Vecindad editado por el FCE, El Porvenir de
México, edición crítica de la obra del Ministro Luis
G. Cuevas, 1954; El Pacto de Familia, Archivo Histórico
Diplomático Mexicano, fue traductor de la obra La Lucha por el Poder
y por la Paz del autor clásico internacionalista Hans Morgenthau;
las novelas El Pecado de Gabo y las Memorias de Hugo Grocio, niño
genio vuelto jurista y predecesor del derecho internacional, demuestran sus
dotes como novelista y narrador. Manual de Derecho Internacional Privado
Mexicano editado, hasta el momento, en tres ocasiones por la SRE, la
Escuela Libre de Derecho y Porrúa fue su última obra
escrita. Fue catedrático de diferentes Universidades e
institutos prestigiados, ingresó a la Universidad Anáhuac
Xalapa en 1995, de la cual fue Director Interino de la Escuela de Derecho y
catedrático de Derecho Internacional Publico y Privado hasta su
muerte, la enseñanza fue una de sus pasiones, quizá la
más importante. Su preparación profesional, su mente
creativa, su disciplina académica brillaban aun más con su
trato sencillo hacia la gente y sus alumnos. Los que tuvimos el honor y
agrado de ser sus alumnos recordamos sus cátedra como la
combinación ingeniosa entre ciencia jurídica, historia y
literatura.
Mtro. Ruy Gabarrón Hdz Coordinador
de la Escuela de Derecho |